
Durante el período Edo (1603-1868), Japón experimentó un período de gran prosperidad tanto en términos económicos como culturales, garantizado por un largo periodo de paz. Esta fase particularmente fértil para la historia del país japonés, toma su nombre del centro cultural más ferviente de la época: la ciudad de Tokio, que en ese momento era conocida como "Edo".

Es en estos siglos que el pintor Katsushika Hokusai (1760-1849) desarrolla y lleva al clímax, a uno de los estilos más famosos del mundo: "las pinturas del mundo flotante". El término ukiyo-e proviene del budismo, de su concepción religiosa, ukiyo-e connota lo efímero, el sufrimiento, la caducidad humana, ese ciclo que los monjes budistas intentan romper.

Los jóvenes habitantes de Edo, sin embargo, transforman el término en una especie de "carpe diem": sin excluir el sufrimiento inherente a la fugacidad de la vida, el ukiyo-e cambia la perspectiva y se convierte en un enfoque desenfadado, aunque un poco nostálgico, a la caducidad: beber sake, divertirse, vivir plenamente la presencia en el "mundo flotante" (el significado literal de la palabra) en el que nos encontramos.

En términos artísticos, ukiyo-e es un estilo caracterizado por la impresión en papel con matrices de madera. Las impresiones, que tenían un costo muy bajo, se producían a granel y decoraban las casas de las clases bajas de Edo.

Los protagonistas, precisamente porque era un arte para la gente corriente, provenían de esos escenarios: cortesanas, artesanos, luchadores de sumo, geishas, todos inmortalizados durante su trabajo diario. La aristocracia no era parte de este mundo, ni como sujeto, ni como audiencia: era una expresión para las clases más bajas, democráticas, alegres y mucho más asequibles.

Las xilografías se caracterizan por una ausencia total de perspectiva o sombreado y destacan por su bidimensionalidad, la linealidad de los trazos de tinta y sus colores suaves. Katsushika Hokusai llevó el estilo a su máxima expresión, fue el primer artista en preferir los paisajes a las personas.

Su serie más famosa: "Fugaku Sanjūrokkei" (Treinta y seis vistas del Monte Fuji), fue realizada entre 1826 y 1833 y se convirtió en un verdadero estudio del paisaje del Monte Fuji. Ver cómo cambia dependiendo de la luz y la hora del día, las estaciones y los años; una operación que unas décadas más tarde, también ocuparía los días de los pintores impresionistas.

La serie fue ampliada a 46 xilografías dada su popularidad, y aunque tiene como único tema el Monte Fuji, inmortalizado por diferentes puntos y en diferentes condiciones climáticas, Hokusai también documentó la vida de los pescadores, los agricultores y los habitantes del mítico volcán japonés.

"Hokusai Manga" es el nombre que recibe una serie de bocetos reunidos en 15 volúmenes, donde Katsushika Hokusai dibuja toda clase de paisajes, flora, fauna, vida cotidiana o sobrenatural en tres colores (negro, gris y color carne) y con algunos toques de humor.

El primer volumen de bocetos apareció en 1814 y fue un éxito inmediato. La obra de Hokusai llegó a Occidente alrededor de 1831 de la mano del médico Philipp Franz von Siebold y pronto artistas de la talla de Vincent Van Gogh, Paul Gauguin y Henri de Toulouse-Lautrec, cayeron rendidos ante el arte de ukiyo-e.

Hokusai trabajó hasta el último día de su vida, murió a los 89 años de edad. Su producción artística asciende a unas treinta mil obras, del que él mismo dejaría escrito: "A la edad de 50 había producido un gran número de dibujos, con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de 70 años. A los 73 finalmente aprendí algo sobre la verdadera forma de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto, a la edad de 80 años habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado más en la esencia del arte. A los 100 habré llegado finalmente a un nivel excepcional".
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Texto escrito por Ana Isabel Escriche inspirado en el texto de Alice Azzolini del equipo editorial Barnebys Italia.


